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15 jun. 2016

MATA A TU ÍDOLA

Mariana Rodríguez

Te llamarás
Mary Flora Bell
tendrás los ojos más bellos del mundo
campos de trigo enterrados en
tus manitas manchada de dolor
Mary Flora Bell
te voy a parir tantas veces
que nunca nacerás
Mary Flora Bell
todos te perdonarán cuando se enteren
que el demonio en tu carita de muñeca
te besó en lugares prohibidos
Mary Flora Bell
 cada que te nombro
no hay miedo
ni tristeza
sólo una piedad tan grande
que no cabe en este poema

"Mary Flora Bell" - M. R.
Esta mañana fui a la tienda por un mandado de mi hermana y, al regresar, sonrió y me dijo:

     —Eres mi ídolo.
     —Kill your idols —le respondí.
     —¿Cómo?
     —Kill your idols.
     —Por eso, babas, mata a tus ídolos, ajá, ¿y eso qué?
     —Kill your idols —le respondí— es un libro.
     —¿Y a mí qué?
     —Favi —remarco cada frase:—, ayer... te dejé... en tu cama... un libro... ¡de poesía!

     Kill your idols es, además del libro que le dejé a mi hermana, la ventana a través de la cual se vislumbra el trabajo de Mariana Rodríguez.

DE LA AUTORA AL LIBRO
     Pleno Cuernavaca, tipo una de la tarde, bajo acalorado de la ruta y camino en la calle empedrada junto a la terminal de los Pullman de Morelos. Mariana, blusa morada y larga falda a rayas azules con blanco, viene desde el verdor y la humedad. Poco antes, la tarde me consumía a goterones de sudor; ella, en cambio, llega llena de frescura. Paso junto al sitio de taxis en la salida lateral de la terminal. Me habla a unos metros de distancia.

     —¿Tú eres Andrés?
     —Claro, Mariana, ¡y tú eres Mariana!

     Más atrás, como un fondo, el verde de los árboles en el Parque Melchor Ocampo.

     Nos dirigimos al parque tras la presentación formal y las excusas por estar ahí «tipo la una de la tarde» y no a la una en punto. Descendemos los escalones, caminamos por los andadores entre árboles majestuosos, cerca de La Selva, lugar del que alguna vez escribió algo Malcolm Lowry y ahora, además de la terminal, tiene centros comerciales, megatiendas, gasolineras y cadenas comerciales de cine.

     —No conocía este parque —me platica Mariana.

     Ojo de agua seco, pozo enlodado, peces sobrevivientes. Más abajo, al final del Melchor, unos niños juegan en la vieja alberca colectiva. Nos dirigimos a la biblioteca del parque, «Dr. José Félix Frías», y un policía nos impide el paso.

     —Está cerrado—anuncia.
     —¡Ay, nuestra Cuernita! Tan bonita, tan descuidada y tan llena de tiras —le digo a la poeta tras la negativa del policía.

     ¿Pero es nuestra Cuernavaca? A Mariana Rodríguez la conocí por una antología del chileno Daniel Rojas Pachas, Traductores del silencio: diálogo con poéticas latinoamericanas(i), donde se le anuncia como poeta mexicana, sí, sólo que originaria del estado de Chiapas. Después la encontré en un número especial de Punto de Partida(ii) como escritora de Cuernavaca.

     —Soy de 1988 —me dice— y nací aquí. A lo largo de mi vida, por el trabajo de mi papá, viví alternadamente en varios lugares del país, sólo que he estado más tiempo en Morelos y Chiapas. Allá estudié la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispanoamericanas, en la UNACH, ahora estoy aquí en la Maestría en Producción Editorial de la UAEM, pero yo soy habitante del mundo —asevera esto último como una consigna.

     De cualquier forma, no veo ni a Morelos ni a Chiapas, ni a ningún sitio particular en sus poemas. Veo el pop, a Ian Curtis, Magda Goebbels, la Princesa Leia, Cobain, los pasos de «Thriller» de Michael Jackson, pero no estos lugares. Y aun así, no deja de estar presente en su poesía la cultura popular de nuestras calles: la coreografía de la macarena, el viejito del costal, el baile casi ritual de caballo dorado en las fiestas.

     —Sí escribo en todos estos lugares —cuenta Mariana—, siempre que viajo escribo, a donde vaya; no sólo Morelos y Chiapas, también el D.F. está muy presente, pero escribo sobre el rol, sobre las impresiones de cada viaje y la banda, no sobre los lugares que visito.

     Poco después, agrega:

     —Lo de Ian lo escribí porque Joy Division me encanta. En Facebook, puse como lugar de residencia «Macclesfield», la tierra de Ian Curtis.

     Nuestra poeta tampoco es pesimista. Llega a mí, desde el parque, toda frescura y buena vibra, toda verdores. Su poesía, en cambio, viene hacia mí con pesares del mundo, a pesar del mundo, con toda la frialdad que nos hace humanos. ¿Qué hay en Mariana Rodríguez de ese desencanto? Aparte de ser la escritora joven llena de vida, «tengo ratos de desolación», asegura Mariana y recuerda una entrevista que le hicieron para Poesía Ambulante donde afirma que «Hay veces que desearía, cuando estoy más mal, que cayera un meteorito y acabara con todos»(iii).


Portada de Kill your idols (iv)

     —Esos textos —me indica—, los que tú llamas pop y pesimistas, son parte de Kill your idols. Ahí está el de Ian Curtis.

     Pienso en los poemas a Ian Curtis, una serie de la cual me considero fan.

     —Mira —continúa Mariana y me entrega su libro, prometido de antemano—, aquí está el libro, pero son textos de hace tiempo.

Objetos perdidos 
Tenemos una banda de rock
la garganta de una histérica
los trastes abandonados de Chernobyl
y un niño epiléptico
No tenemos el espíritu ni el sentimiento(v)

     En efecto, tras abrir la portada de su libro, encuentro las referencias mencionadas y otros personajes: Charly García, Batman, María Antonieta, Judit, Mary Flora Bell. La femineidad, lo bíblico y lo profano, lo político y lo civil, la justicia y el rock, todo unido en la frivolidad humana. Kill your idols es un libro de poesía que termina en crónica y testimonio de «personas de a pie», como dicen los Tajo, pues al final nos topamos de golpe con cuatro textos donde gente ajena a la literatura nos habla de sus ídolos y qué les diría si pudieran:

Admiro a mi papá porque me da dulces. Yo le diría dame dulces por favor.
-Darío Chanona/Niño(vi)


Testimonio de Elvira López/Afanadora(vii)

 
DEL LIBRO A MARIANA
     La colección del libro, dirigida por Margarito Cuéllar, es editada por la UANL y da el vértigo necesario para alcanzar las notas de Mariana Rodríguez, no sólo en este libro sino en su obra en general y, quizá, en la de toda una generación con su nombre: “Avanzada del desencanto”. Pero particularmente en la poesía de Rodríguez, además del cosmopolitismo señalado antes al hablar de su origen, el pop y el desencanto general, hay una reiteración de la poesía misma, sobre el hacer literario.

     En su obra, se notan las ganas de desarmar, a veces el poema, a veces al poeta, siempre redefiniendo la construcción de lo que es la «poesía». Junto a esto, hay que señalar el uso de la reiteración como una figura retórica significativa. las poetas son las más fascistas de todos no me puedo llevar bien con ellas dice la autora en «La poesía es fascismo», texto donde variaciones de la oración «es fascista» se repiten como estribillo y dan cuenta de su técnica.


     —Escribo de lo inmediato, lo muy visceral, lo que ocurre ahora mismo —dice altiva, de frente.

     De ahí que su técnica adopte estas formas repetitivas donde nacen los textos, muy personales, llenos de furia, con que nos grita que Huidobro fue un fascista creacionista, así como lo es el señor de la tienda con su tiendita de mierda. No es menos ruidoso, aunque quizá sí otro rasgo generacional, que sus textos no lleven puntuación. Al menos, no todos los consultados por un servidor.

     La furia y la creación, sin embargo, no son partes constitutivas únicamente de su labor escrituraria. Mariana Rodríguez, además de darnos una rica obra propia en español, funge también como ese punto medio de recreación que ha caracterizado a poetas como Ezra Pound o José Coronel Urtecho, en tanto que la traducción es abordada como una reescritura. La poeta se dedica a la traducción de obras en lengua inglesa. Su género predilecto es, obviamente, la poesía. Si bien descubrí esta parte de su trabajo en una traducción que hizo de un texto de Nathan Xavier Osorio, me afirmó en persona que principalmente traduce mujeres norteamericanas, entre las que cabe mencionar a Anne Sexton, Denise Levertov, Sylvia Plath y Diane di Prima.

     Es a través del sitio Mexico city lit(viii), una plataforma de difusión de literatura contemporánea mexicana para el lector sajón así como de traducciones hechas por mexicanos de obras en inglés, que Mariana Rodríguez entrega al mundo su labor.

     —También me gusta traducir poetas vivos afroamericanos como Danez Smith, Kadijah Queen y Morgan Parker. —culmina la también traductora.

DE MARIANA A LOS LIBROS
     Finalmente, para completar en ella una tríada de dedicación a la literatura, y al arte en general, de entrega y búsqueda de espacios no sólo como usuaria, público o creadora, sino como organizadora y difusora, vemos que su campo se extiende hasta la edición.

     La Cohuiná Cartonera es un proyecto editorial con sede en Chiapas, que cuenta en su catálogo con el mencionado Rojas Pachas así como con poetas y narradores latinoamericanos vivos: Genkidama Ñu, Bernardo Farreras, María Eugenia López, Luis Daniel Pulido, Edgar Omar Avilés, entre otros. Tiene el orgullo de haber realizado la primera edición de Partitura peruana, obra del gran maestro del grupo limeño «Hora Zero» Enrique Verástegui.

     Su fin es crear libros artesanales de materiales reciclados, pero también libros únicos, de los cuales es posible contar con portadas diversas para cada ejemplar, todas tratadas a mano. La Partitura peruana destaca al ser impresa en un solo pliego largo de seis metros y salir al mercado en una edición especial que contenía, además del poema largo en papiro, un prefacio de Camille Aubau dentro de cajitas personalizadas, limitadas a cierto número de piezas.

 
Pergamino de Partitura peruana de Enrique Verástegui(ix)

     Mariana está a cargo de la editorial como directora fundadora. Los libros que edita se pueden encontrar en diversas partes del país y es plausible que difunda literatura emergente de autores vivos con trabajos únicos, piezas de arte en sí mismos.

     Un gato cerca de la entrada del parque abordó de pronto nuestra vista y la autora de «Mary Flora Bell» confesó su cariño a los animales sin decirme nada, tan sólo bastó que guiara su vista con ternura por el camino que el minino seguía. Tras la irrupción, nos percatamos de lo tarde que era. Yo no había probado bocado y ella tenía que trabajar desde casa, como creadora de contenidos web, observada en tiempo real vía Skype. Nuestros excelentes creadores tienen también que laborar en lo que se puede, aparte de toda su aportación a nuestra cultura, para poder vivir en este país, pues difícilmente se alcanza la estabilidad económica con la creación y difusión artísticas.

     Tras nuestro primer tratamiento en persona, luego de la caminata fuera del Melchor Ocampo, nos enfilamos rumbo al centro de Cuernavaca. Mariana iba con la prisa de quien tiene que llegar a tiempo al trabajo y yo con la prisa de quien muere de hambre en una ciudad calurosa del centro de México. Al alcanzar la parada buscada, abordamos la misma ruta; poco más adelante, nos despedimos con la promesa de un segundo encuentro. Se quedó en alguna parte de la avenida Jiquilpan, cerca del centro, y yo continué rumbo a Tepoztlán.

EPÍLOGO
     Llego a casa, hojeo el libro y comienzo a verter en un archivo los datos registrados para deshacerme rápidamente de la obsesión que Mariana Rodríguez me provocó sobre su persona. No quiero hacer un Yolanda Saldívar(x) o un Mark Chapman(xi) y terminar, con su propio imperativo, asesinando a mi ídola.

_________________________________

i “Mariana Rodríguez” en revista Letrasértica, año 3, número 7 (septiembre de 2013). Sanatorio ediciones. Tacna, Perú. pp. 47-49.
ii “Mariana Rodríguez” en revista Punto de Partida, número 189 (enero-febrero de 2015), Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F. pp. 52-56.
iii Poesía Ambulante 2: Mariana Rodríguez. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=gImfrNKF36U consultado el 9 de mayo del 2016
iv RODRÍGUEZ, Mariana. Kill your idols. Proyecto Y: Avanzada del desencanto. Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, México. 2013.
v Op. cit. p. 26
vi Op. cit. p. 49
vii Op. cit. pp. 44-45. Texto en la página: "Admiro a Jenny Rivera porque es madre y es como una mujer que a pesar de todo lo que le pasaba lo superaba y era como mucha hembra. Si la conociera le diría eres de poca madre."
viii http://www.mexicocitylit.com
ix Foto tomada del blog de la editorial Couhiná Cartonera: http://cartoneracohuina.blogspot.com
x Asesina de Selena
xi Asesino de John Lennon
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6 comentarios:

  1. Chale... ya a cualquier parrafada le dicen poesía.

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  2. ¿Le dicen?, ¿quiénes? Yo dije esto, mi carnal.

    Saludos.

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  3. Sin duda, tienes el gen narrador Andrés. Muy buen texto :)

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  4. Gracias, Yeni. Es un híbrido raro pero perfila bien a Mariana, jeje!!

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